Por qué Inés Madrigal encontró a su familia en un banco de ADN de EE UU y no en España | Sociedad



Es como buscar una aguja en un pajar. Pero los comienzos son sencillos. Se solicita un kit de ADN por Internet. Llega a casa. Se toma la muestra y se envía por correo a un laboratorio de Estados Unidos. Así lo hizo Inés Madrigal, la mujer que llevó a juicio el primer caso de bebés robados en España. Y logró encontrar a su familia biológica después de 32 años de búsqueda. También lo había intentado aquí, pero no obtuvo resultados. La diferencia radica en la técnica: en el número y el tipo de marcadores genéticos que se analizan. Allí pueden detectar parentescos de hasta cuarto grado, algo imposible con el método que se utiliza en España. 

“Tengo cuatro hermanos a los que ya he conocido, que son personas maravillosas”, ha dicho este jueves Madrigal en la rueda de prensa en la que ha revelado que ahora, por fin, conoce sus orígenes. Su madre biológica la dio en adopción y sus hermanos también la habían buscado. “Uno de ellos incluso había llevado su perfil de ADN a una de las bases de datos [privadas] con las que trabajamos las asociaciones de bebés robados de este país. Eso es dramático. Mi perfil y el de uno de mis hermanos de madre estaban en una base de datos española que, sin embargo, no ha detectado el parentesco”, ha criticado. 

“Ha sido posible gracias a un banco de ADN americano. Mucho más avanzado que aquí. Ni siquiera el banco del Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses hubiera servido para que mi hermano y yo nos hubiéramos encontrado. Sin embargo, en esta empresa privada americana no solo detectan a hermanos y padres, es que me pusieron en contacto con un primo segundo. Después simplemente fue cuestión de tirar del hilo”, ha explicado Madrigal.

Alrededor de un centenar de personas que sospechan que pudieron ser víctimas de una adopción irregular o de un robo de bebés en España han recurrido a estos bancos de ADN internacionales privados para intentar encontrar respuestas, según cuenta Pedro Centeno, de la asociación Sin Identidad Biológica, quien busca a una hermana y ha estudiado en profundidad el método que utilizan. “Con el de Inés ya me constan nueve casos en los que han logrado localizar a su familia. Si das con algún familiar, aunque sea lejano, puedes ir resolviendo el puzle”, sostiene. “Queremos que participe cuanta más gente, mejor”.

Ese es el éxito de empresas como 23andMe y MyHeritage, los dos bancos internacionales privados más conocidos en España. Madrigal recurrió al primero de ellos, donde el proceso cuesta poco más de 100 euros. Se desconoce el número de españoles que han recurrido a estas compañías, que permiten averiguar los orígenes étnicos o realizar árboles genealógicos. Solo en MyHeritage tienen en España 1,5 millones de usuarios, según fuentes de la empresa que no precisaron el número de perfiles genéticos. Cuanto más muestras, más posibilidades de coincidencias. 

“En España analizamos marcadores STR y allí, SNP. Pero la diferencia fundamental es el número. De 20 marcadores que se estudian aquí a cientos de miles allí”, explica Antonio Alonso, director del Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses, que gestiona el fichero público de perfiles de ADN, surgido en 2012. Después de que Madrigal localizara a sus hermanos, en el instituto realizaron análisis complementarios y confirmaron el parentesco. 

En España el cotejo de datos permite conectar a padres con hijos o, como mucho, a hermanos. Pero el propio instituto, que depende del Ministerio de Justicia, advirtió en 2014 en una circular de “la baja fiabilidad que tiene la búsqueda de compatibilidades genéticas entre posibles hermanos biológicos” en la base de datos. En la nota se alertaba de “la incidencia de falsos negativos y falsos positivos”, que hace “impracticable una búsqueda fiable cuando solo se dispone de un hermano”. Por ello, llamaban a informar a las familias de esta dificultad y a recomendar, en los casos en que un hermano buscara a una posible víctima de una adopción irregular, la obtención de muestras de los supuestos progenitores y, en caso de que esto sea imposible, la remisión de los perfiles de dos o más hermanos de padre y madre. 

Los laboratorios privados españoles, como el que habían usado Madrigal y su hermano, utilizan la misma técnica que el instituto, por lo que detectar hermanos es muy difícil. Más aún si se trata, como en el caso de Madrigal, de un medio hermano. Comparten madre, pero no padre. “Aquí no había ninguna posibilidad de detectar a un medio hermano con los análisis que se realizan”, expone Alonso. Señala que en el futuro “habrá una evolución tecnológica en los laboratorios, que ya la está habiendo”, y que en el instituto acaban de “terminar un proyecto de secuenciación masiva”, pero que analizar tantísimos marcadores a lo largo de todo el genoma entraña riesgos desde el punto de vista bioético o legal. “Nos pueden dar información de determinadas enfermedades, por ejemplo. Es muy importante atender a la protección de datos”, continúa.

Fuentes de MyHeritage insisten en que son la “única empresa” que “no comparte los datos con terceros” con fines policiales o comerciales, aunque sí los usan para investigaciones internas o científicas. El año pasado, por ejemplo, 23andMe llegó a un acuerdo con la farmacéutica GlaxoSmithKline. 

Alonso llama a regular este mercado. “Los particulares que recurren a estas bases de datos, que pertenecen a compañías privadas, tienen que saber que entraña sus riesgos. La protección de la información genética que metes ahí está en duda, no sabes muy bien qué se va a hacer con ella. Yo no sé qué tipo de consentimientos informados están firmando y nos consta que ceden o venden datos con otros fines”, alerta. Por ello ofrece la posibilidad de asesorar a los usuarios de estas compañías: “Ayudarles en la valoración de estos estudios y de su fiabilidad y hacer un análisis complementario en caso de que haya compatibilidad”.  

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