La FP ya atrae más ofertas de trabajo que la universidad | Economía



La alta empleabilidad y los salarios competitivos facilitan, cada vez más, que los estudiantes se decanten por la Formación Profesional (FP), a pesar de que esta opción todavía nada a contra corriente en España. Un 42,3 % de las ofertas de trabajo publicitadas en 2018 requirieron un grado de FP y superaron, por primera vez, a aquellas que demandaban un título universitario (38,5 %), según un informe de The Adecco Group Institute e Infoempleo. Dentro de ellas, los ciclos de grado superior representan el 24,4 % de esas ofertas, y los de grado medio, un 17,8 %. Un aumento que no responde a un cambio sustancial en el mercado de trabajo, sino más bien a un reconocimiento de la mayor idoneidad que, para determinados sectores, ofrece un técnico de Formación Profesional.

“El mercado se está autorregulando. Cuando la FP ha ido creciendo y suministrando esos técnicos, se han dado cuenta de que no tenía sentido contratar a titulados universitarios para que desempeñaran labores de menor cualificación y por una menor remuneración, lo que hacía que estuvieran desmotivados. Además, no cubrían las necesidades de la misma manera”, afirma Joan Sarrión, vicepresidente de la Asociación de Centros de Formación Profesional FPEmpresa. “La FP ofrece una especialización y un componente práctico mayores, y hay mucha más interacción con la empresa; la universidad sigue siendo demasiado teórica”, añade.

Las áreas que acumularon un mayor número de ofertas de empleo se concentran en el sector industrial y en el de servicios. Así, destacan Administración y Gestión, Electricidad y Electrónica, Fabricación Mecánica, Informática y Comunicaciones e Instalación y Mantenimiento, que acumulan un 36 % de las ofertas para titulados de FP. El sector de Hostelería y Turismo, por su parte, crece considerablemente, hasta situarse con un 9,26 % de los técnicos demandados. Por comunidades autónomas, seis de cada diez se concentran en Cataluña, Madrid y el País Vasco.

Empleabilidad frente a prejuicios

La tasa de inserción laboral deja lugar a pocas dudas. Más de un 70 % de los graduados de Formación Profesional continúan trabajando para la empresa donde realizaron sus prácticas al día siguiente de terminarlas; un porcentaje que, en algunos casos, como el de la FP Dual —en la que la formación se reparte entre el centro educativo y la empresa, donde los alumnos realizan prácticas y completan su formación—, alcanza casi el pleno empleo (un 96,2 % en el País Vasco). “La sociedad, con carácter general, y la familia, en particular, aún creen que la universidad es una opción mejor (…), pero hay una falta de sincronía absoluta entre la oferta y la demanda, y es necesario adecuar la una a la otra. Hay un problema de concienciación social, de desinformación y de sensibilización”, sostiene Javier Blasco, director de The Adecco Group Institute. “Se desconoce que el salario medio de un recién titulado es similar para FP y universidad, e incluso me atrevería a decir que en algunos sectores se gana más, por convenio”.

El crecimiento de la Formación Profesional viene favorecido por el hecho de que, en sectores como el industrial –donde se nota más el atractivo de la FP, por la especificidad del título– o en Hostelería y Turismo, los estudiantes no compiten por los puestos de trabajo con universitarios. Pero es un hecho que los prejuicios persisten: la tasa de FP en España es inferior a la del resto de Europa. “La gente no sabe que hay un enorme mercado de trabajo. Hay que convencer a las familias de que su hijo no va a ser menos por hacer la FP, y además puede que cobre más. No solo es un error: es un problema para la economía española, porque no se cubren puestos para los que hay demanda (como en la construcción, por ejemplo), y no estamos ofreciendo al mercado una imagen atractiva para la inversión”, esgrime Blasco.

Por otra parte, el avance de la Formación Profesional no implica, señala Sarrión, que no existan campos de mejora: “La FP dual necesita un replanteamiento, porque en España hay muchos sistemas, y se necesitan poner unas bases comunes para todo el territorio. La actualización de los currículums es, además, un proceso muy burocrático… En Europa, la adaptación de estos a la realidad productiva es un proceso mucho más dinámico. Y vendría bien una mayor autonomía de gestión para los centros, de manera que se pudiera flexibilizar y adaptar más rápidamente la oferta a las necesidades del entorno productivo de cada zona”. El aspecto geográfico es sin duda importante, ya que en muchos casos la oferta de grados varía según las necesidades de cada zona: si en el País Vasco tienen un perfil claramente industrial, en Madrid destaca el sector servicios, en Barcelona hay una mezcla de industria, servicios, sector textil y farmacéutico y en Andalucía sobresalen la hostelería y el sector servicios, por poner algunos ejemplos.

El modelo vasco, un ejemplo a seguir

El espejo donde mirarse es, sin duda, el del País Vasco, cuya Formación Profesional ha sido reconocida en Europa como uno de los mejores sistemas del mundo. Allí se ha cuidado muy bien la comunicación y la conexión del mundo empresarial con los centros de formación, algo que es particularmente visible en el caso de la FP Dual. Para Marianne Thyssen, comisaria europea de Empleo, Asuntos Sociales, Capacidad y Movilidad Laboral, “necesitamos un sistema que se adapte mejor a los cambios que se producen a su alrededor, y que sea la elección preferida de los jóvenes, como el que existe en el País Vasco, uno de los mejores del mundo y una fuente de inspiración y aprendizaje para muchos en Europa”, según declaró el pasado mes de junio en el Congreso Internacional de FP que tuvo lugar en San Sebastián.

Se trata, en definitiva, de un modelo valorado positivamente tanto por los alumnos como por los centros de formación y las empresas, y que empieza incluso a abrirse paso en la universidad. Una encuesta de satisfacción realizada al finalizar el curso 2017-18 desveló que los primeros valoraban especialmente bien (8,6 sobre 10) la posibilidad de adquirir conocimientos a través del trabajo directo en la empresa, y la labor de tutorización por parte del centro de FP.

Siguiendo el ejemplo de la FP Dual, las tres universidades del País Vasco (la UPV, pública, y las de Mondragón y Deusto, privadas) han incorporado diferentes itinerarios y titulaciones completas en 15 grados y nueve másteres duales en los campos de Ingeniería y Arquitectura y Ciencias Sociales y Jurídicas; titulaciones con un número mínimo de créditos de formación práctica, en colaboración con una empresa o entidad externa: entre el 25 y el 50 % en el caso de los grados, y un mínimo del 40 % en los másteres.

De la FP, ¿a la universidad?

Para aquellos alumnos que completan un grado superior de FP, existe la posibilidad de continuar sus estudios en la universidad, “con la ventaja de contar ya con un título e incluso incorporarse al mercado laboral, con lo que se accede en mejores condiciones y con una remuneración económica”, argumenta Sarrión. En función de sus notas y del grado de concurrencia de una carrera u otra, podrá entrar de forma directa o realizando los exámenes específicos de la Prueba de Acceso a la Universidad, la PAU (aquellos de la rama concreta donde está diseñada esa carrera). A los graduados de FP se les reconoce un cierto número de créditos del primer curso, que depende de cada universidad.

¿Se entra directamente o a través de un examen? Depende de la note de corte: en la PAU, llegas hasta los 14 puntos, con los que accedes a la universidad; como en FP solo llegas hasta 10, si la media de acceso es alta será necesario pasar por la parte específica de la PAU que corresponda a la carrera que quieren cursar. “Por ejemplo, un alumno de FP de Administración y Finanzas normalmente entra directamente a Económicas sin problemas, y además le convalidan algunos créditos”, explica Sarrión.

Los certificados de profesionalidad

La FP no es la única opción de educación no universitaria: un modelo nuevo es el de la formación para el empleo que representan los certificados de profesionalidad, títulos oficiales expedidos por el Ministerio de Trabajo, Migraciones y Seguridad Social, y reconocidos a nivel europeo. Estos diplomas acreditan las competencias profesionales para realizar un determinado trabajo, y están divididos en tres niveles, según su carga horaria y los requisitos de acceso:

Los certificados de Nivel 1 (entre 250 y 300 horas) solo requieren tener al menos 18 años, y dan acceso a labores básicas como limpieza de superficies y mobiliario, operaciones básicas de cocina o reponedor y operaciones básicas en restaurante y bar.
Los de nivel 2 (entre 500 y 600 horas) exigen contar con uno de estos requisitos: estar en posesión del título de la Educación Secundaria Obligatoria (ESO), haber obtenido previamente otro certificado del mismo nivel o uno de nivel 1 de la misma familia profesional, haber superado la PAU para mayores de 25 años o una prueba de acceso de a ciclo formativo de Grado Medio. Son cursos de atención sociosanitaria, gestión de llamadas de teleasistencia, peluquería o soldadura, por ejemplo.
Los de nivel 3 (más de 800 horas, equivalente a un curso lectivo) requieren contar con el título de Bachillerato, un certificado de profesionalidad del mismo nivel o de nivel 2 de la misma familia profesional, la prueba de acceso a ciclo formativo de grado superior o la PAU para mayores de 25 y/o 45 años: organización y gestión de almacenes, confección y publicación de páginas web, atención al cliente, proyectos audiovisuales multimedia, etcétera.

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