Siete años de épica para una república ilusoria | Cataluña



“Quiero dirigirme a los futuros diputados y diputadas del último parlamento de la Cataluña autónoma”. Era el 11 de septiembre de 2015 y el hoy presidente de la Generalitat, Quim Torra, pronunciaba estas palabras desde el escenario de la manifestación de la Diada. Torra era por entonces presidente de Òmnium Cultural, una de las entidades movilizadoras de las bases del nacionalismo catalán. Torra lo tenía claro: tras las elecciones autonómicas del 27 de septiembre de 2015, aquellas que Artur Mas convocó como un plebiscito sobre la independencia, Cataluña dejaría de formar parte de España.

Las arengas en las diadas han estado cargadas de épica y de objetivos que no se han cumplido. Pese a que con el paso de los años se ha hecho más evidente la complejidad de alcanzar la independencia, en 2018 todavía era prometida a corto plazo, en concreto, para 2019, según expresó a los manifestantes Ben Emmerson, abogado d’Oriol Junqueras: “Creo firmemente que esta será la última diada bajo dominio de Castilla. Cataluña será una república independiente para estas fechas del próximo año”. De la manifestación de 2018 también destacó la exigencia de Emmerson y de Aamer Anwar, abogado de la exconsejera Clara Ponsatí, para que el Gobierno vulnerara la separación de poderes poniendo en libertad a los independentistas presos y permitiendo el retorno de Puigdemont y del resto de políticos soberanistas refugiados en el extranjero. “Si un gángster entra en tu casa, secuestra a tus hijos, apunta una pistola en sus cabezas y pide al padre negociar, ¿es esto una solución pacífica, Pedro Sánchez, o es terrorismo de Estado? Si Sánchez está comprometido con una solución pacífica, que libere a todos los presos políticos y permita el retorno a casa de todos los exiliados”, dijo Anwar.

“Un sueño a punto de ser real”

Los discursos en las diadas han ido acompañados con mensajes transmitidos por personajes populares. En 2013, la actriz María Comas proclamaba que harían caso omiso del poder judicial: “Nosotros, el pueblo catalán, escribiremos nuestra historia porque no reconocemos más señor que nosotros mismos. Nuestros representantes democráticos proclamaron que Cataluña es sujeto político y jurídico soberano. Pues que sepa todo el mundo que lo que pueda decir un tribunal forastero y sin legitimidad es irrelevante, es indiferente”. En 2016, la atleta Núria Picas veía la independencia “a punto de ser real”: “Muy pronto, la república catalana será una nación más en la comunidad de naciones libres del mundo. Los últimos años de movilización han sido clave para llegar hasta donde estamos hoy, y ahora el sueño está a punto de ser real. Estamos a un paso. Somos un país ilusionado”.

La propaganda en las diadas ha querido convencer de que la meta estaba cerca. Un ejemplo de esta estrategia fue el discurso de la diada de 2016 de Jordi Cuixart, el presidente de Òmnium en prisión preventiva desde hace casi dos años: “Esto ya no lo para nadie. Queremos dejar atrás los días históricos para empezar a escribir la historia de la república catalana que pronto llegará”. La actriz Txe Arana afirmaba aquel 2016 que “si los políticos no sintieran nuestro aliento, no habría proceso constituyente en marcha y unas estructuras de Estado a punto de ejecutarse”. Las llamadas estructuras de Estado, que debían garantizar que Cataluña pudiera funcionar con normalidad tras la separación unilateral de España, nunca estuvieron listas, según han asegurado exconsejeros de la Generalitat como Ponsatí o Santi Vila.

En la primera manifestación masiva independentista, la de 2012, Carme Forcadell, en aquel momento presidenta de la Asamblea Nacional Catalana (ANC), pidió a Mas que convocara un referéndum, y añadió que este recibiría el apoyo de la ANC si se celebraba “bajo garantías internacionales”. Esta condición nunca se cumplió. Aquella intervención de Forcadell vaticinaba el pulso unilateral: “Si el Estado español no permitiera el libre ejercicio de este derecho, los diputados elegidos deberían proclamar la independencia nacional y constituir el Estado catalán soberano”.

Forcadell se caracterizó por mensajes de alto contenido nacionalista. En la diada de 2013, la también expresidenta del Parlament evocó el 1714, año final de la guerra de Sucesión en Cataluña –efeméride por la que se celebra el día nacional de Cataluña el 11 de septiembre– para anunciar que el objetivo era que en 2014 llegase la independencia: “Queremos que 2014, el tricentenario de nuestra derrota, se convierta en el primer año de nuestra libertad”. En la manifestación de la diada de 2014, a dos meses de la celebración de la consulta del 9-N, Forcadell incidió en la misma épica: “Hoy, 300 años después de la caída de Barcelona, hemos recuperado la ciudad y el país. El 11 de septiembre de 1714 ha pasado a la historia como la fecha en la que perdimos nuestras libertades colectivas. Y el 11 de septiembre de 2014 pasará a la historia como la fecha clave para recuperarlas. Nosotros lo hemos hecho posible, hemos convertido el tricentenario de nuestra derrota en el primer año de nuestra libertad”.

Quizás fue la de 2015 la diada en la que se ofrecieron los augurios menos acertados. Jordi Sánchez, expresidente de la ANC actualmente en prisión provisional, gritaba dos de las consignas clave del secesionismo: que todo dependía de ellos y que la comunidad internacional les apoyaría: “Solo dependemos de nosotros mismos. Tenemos a tocar esta victoria, no la podemos dejar escapar. Estamos haciendo una revolución cívica y democrática como ningún otro país europeo la ha hecho […] Hoy hemos iniciado el trayecto final de la gran ola de cambio que este país vivirá. Estamos empujando un cambio histórico, único, que Europa observa y que el mundo observa. Debemos tener la tranquilidad de saber que si hay una cosa que Europa no podrá dejar de escuchar es el mandato democrático de las urnas. Sabemos que Europa no mirará a otro lado”.

La diada de 2015 fue la que Torra dio la bienvenida a los últimos diputados de la Cataluña autonómica: “Llevad nuestra lucha y nuestra fuerza cuando solemnemente declaréis el inicio del proceso de independencia”. Cuatro años después, Torra es diputado de una Cataluña que continúa formando parte de España.

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