Las cinco grandes amenazas para el Gobierno en funciones | España



Cuentan que un exdirector del CIS resumió en una ocasión para Felipe González un momento de profunda crisis con una frase redonda: “Las encuestas dicen que los españoles creen que todo va a la perfección, salvo la política y la economía”. España va a estar durante un largo periodo con un Gobierno en funciones. La parálisis política se amplía unos meses más. Los líderes políticos han sido incapaces de pactar y, salvo mayúscula sorpresa, el 10 de noviembre se celebrarán las cuartas elecciones en cuatro años: récord olímpico. La inestabilidad se va a prolongar probablemente hasta bien entrado 2020, con el Gobierno en funciones durante casi un año entero, desde finales de abril hasta quién sabe cuándo.

Incertidumbre radical, en fin, política y económica, y por varios flancos. Uno: la sentencia del procés provocará una nueva sacudida para la crisis constitucional más grave de las últimas décadas. Dos: el probable Brexit duro va a afectar a toda la UE, pero en particular a España, uno de los países con relaciones más estrechas con el Reino Unido. Tres: el frenazo económico es ya una realidad que solo puede empeorar en los próximos meses; España saca, a duras penas, la cabeza de la crisis, pero es una economía sobrendeudada, con el paro más elevado del Atlántico Norte, y una de las desigualdades más elevadas de Europa. Pero hay más: las dificultades presupuestarias van a provocar recortes en las autonomías, que están ya a la greña con Hacienda, y no hay que descartar volatilidad en los mercados, a pesar de que por el momento el BCE ha anestesiado ese riesgo.

La repetición electoral, en fin, llega en medio de esas brumas en forma de inestabilidad. Estamos lejos de los días al borde del abismo de 2012, pero España va camino de convertir la incertidumbre en un estilo. Lo que se encontrarán los políticos españoles cuando salgan de este túnel electoral es una economía que pierde fuelle y, por lo tanto, hará más difícil cuadrar los Presupuestos. Varias reformas que siguen en el alero. Y una situación internacional que tiende a deteriorarse: el pulso de Estados Unidos deja algo parecido a una guerra comercial que va a afectar a Alemania y, por lo tanto, a España; la desaceleración global ha empezado a dejarse notar en el turismo, y el Brexit es una incógnita con mala pinta. La apuesta de Pedro Sánchez para el largo plazo es mejorar sus resultados y recuperar un mensaje socioliberal que le puede dar grandes alegrías en Europa, ahora que Italia vuelve. El riesgo es el corto plazo: que no consiga formar Gobierno y que alguno de los peligros se haga realidad y coja a España con el paso cambiado.

Estas son las principales amenazas para el Gobierno en funciones de Pedro Sánchez:

Economía: desaceleración o frenazo. “Todo el mundo tiene un plan hasta que recibe un puñetazo en la boca”, decía el boxeador Mike Tyson. El plan de Pedro Sánchez es reforzar su mayoría ante la hipotética subida del PSOE —y del PP— frente al declive de Ciudadanos, Podemos y Vox en las encuestas. Pero ese es un pecado que los griegos llamaban hybris y que puede traducirse por soberbia o desmesura: nadie gana unas elecciones sin saber contar una historia, y Sánchez va a tener que demostrar que no es el único culpable de la repetición electoral, más aún en un periodo en que cada dato va a ser peor que el anterior.

El mercado de trabajo empezó esa cuesta arriba en agosto y no tiene visos de mejorar. Las vulnerabilidades de la economía española (en endeudamiento abultado y un paro del 14%, sin parangón en el mundo desarrollado) se amplían por los elevados riesgos geopolíticos globales: la guerra comercial por las políticas proteccionistas en Estados Unidos, la desaceleración en China y Alemania, y la situación fiscal italiana pueden deparar disgustos en la zona euro, cuya fiebre sube cada vez que estornuda uno de esos actores. Las políticas monetarias del BCE son insuficientes, y la voz de España se va a oír menos en el Eurogrupo a la hora de pedir a Berlín más políticas fiscales. El sector del automóvil está en plena reconversión industrial: cualquier shock podría acelerar esa reestructuración, y sin Gobierno es más difícil defender a una industria que supone en torno al 10% del PIB. Y todas esas incógnitas planean también sobre el turismo, un sector volátil que suele verse afectado cuando vienen curvas.

No todo son malas noticias. Ni España ni sus bancos son a día de hoy el problema: la economía española ha empezado a desacelerar, pero sus cifras son mucho más boyantes que las de las economías de su entorno. Los dos últimos Gobiernos, además, se vieron obligados a hacer reformas en lo peor de la crisis, por lo que no hay reformas urgentísimas en el tintero. Y el próximo Presupuesto no debería ser restrictivo: el BCE de Mario Draghi ha dejado claro que quiere ver estímulos en Alemania y Holanda, y que ahora mismo la eurozona no debe hacer ajustes. La lección de los últimos meses es que no volverá a haber mayorías absolutas en muchísimo tiempo: el mayor peligro por delante es político, si el 11 de noviembre los líderes de los partidos siguen sin entender que en la política moderna es esencial dominar el noble arte de forjar coaliciones. “La incertidumbre política tendrá un impacto limitado en la economía española en 2019. Pero el Gobierno que salga de las elecciones puede hacer variar las previsiones a medio plazo”, apunta un análisis reciente del banco estadounidense Goldman Sachs.

Brexit desordenado. Un Brexit sin acuerdo sería un shock adicional y puede precipitarse en poco más de un mes: provocaría serias disfunciones en la economía británica, pero también en la eurozona, según los expertos. España teme en especial el impacto en el turismo, pero también en el comercio y en varios sectores industriales.

Sentencia del procés. Prevista para mediados de octubre —dos o tres semanas antes de las elecciones—, está llamada a reavivar la inestabilidad política en Cataluña, con el president Quim Torra amenazando abiertamente con no acatar esa sentencia y con la posibilidad de anticipar elecciones. Esa situación ya se deja notar en la inversión, con un frenazo en la construcción. En el flanco jurídico pueden surgir otras dificultades para el Ejecutivo en funciones, como la sentencia del caso de los ERE.

Recortes en servicios básicos de las autonomías. La falta de Gobiernos y de Presupuestos ha congelado los anticipos a cuenta del sistema de financiación a las comunidades autónomas, unos 5.000 millones de euros que han obligado a varios Gobiernos autónomos a anunciar recortes en los servicios básicos. Cataluña, pero también la Comunidad Valenciana, Baleares y Canarias han sacado ya la tijera, y la situación se complicará en noviembre, según la ministra María Jesús Montero. Varias comunidades han cargado ya con dureza contra el Gobierno en funciones, que está atado de pies y manos, según ha dictaminado la Abogacía del Estado.

¿Vaivenes en los mercados? “La inestabilidad política en España llega en un momento preocupante con múltiples problemas que van a converger este otoño y que pueden provocar sacudidas. El mayor riesgo en Europa es Italia, con una situación fiscal muy preocupante. Tanto el Brexit como la guerra comercial se van a dejar notar en la zona euro, una economía muy abierta cuyas exportaciones van a sufrir. Ante esa hora bruja sorprenden los planteamientos poco estratégicos, tan sumamente tácticos, en la política española. El BCE y sus políticas ultraexpansivas tienen tranquilos a los mercados, pero cuidado con la volatilidad”, resume Carlos Martínez Mongay, exdirector general adjunto de la Comisión Europea. “A los políticos españoles les espera un baño de realidad: la economía está dejando de ir con el piloto automático y el entorno exterior se deteriora, a pesar de que el BCE sigue anestesiando la prima de riesgo”, añade Roberto Scholtes, de UBS.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *