Rivera volverá a centrar su campaña en el ataque a Sánchez | España



“Nada ha cambiado”. El entorno de Albert Rivera es tajante ante la pregunta que persigue a Ciudadanos desde que ofreció en el último momento abstenerse en la investidura de Pedro Sánchez: ¿Hay un viraje en la estrategia de confrontación con el PSOE? ¿El partido levanta para las nuevas elecciones su veto al líder socialista? Aunque la oferta de la abstención pareciera apuntar lo contrario, lo cierto es que Rivera va a volver a centrar su campaña en el ataque frontal a Pedro Sánchez, anticipan fuentes de la dirección de Cs. Siempre personalizado en la figura del presidente en funciones —y no en el PSOE— y aprovechando un hecho muy relevante que ocurrirá en plena campaña: la sentencia del procés, tras la que Cs insistirá en que el líder socialista tiene la intención no confesada de “indultar a los golpistas”.

Rivera no modulará su tono contra Sánchez, al contrario, avanzan en Cs. “España tiene un problema, que se llama Pedro Sánchez”, proclamó ayer. Rivera tratará de retratar al líder socialista como un dirigente que se ha apartado del constitucionalismo porque no quiso pactar con el PP y Cs, y porque está dispuesto a indultar a los separatistas. En Cs creen que el debate sobre la sentencia les beneficia, y sobre todo perjudica al PSOE.

¿Cómo encaja la oferta de la abstención en la investidura de Sánchez en su relato de campaña? “Como una solución límite en un momento límite”, explican en la dirección de Ciudadanos. Rivera evitó ayer explicitar que mantiene el veto a cualquier pacto con el PSOE como en las pasadas generales, pero en la cúpula no descartan volver a ponerlo sobre la mesa si es necesario. Su política de pactos segurá siendo la misma: el presidente de Ciudadanos ofreció ayer a Pablo Casado acordar un Gobierno de coalición en el plazo de un mes si la derecha suma “un solo escaño más” que la izquierda el 10 de noviembre. Cs mantiene también que Vox no podrá formar parte del Ejecutivo, pero sí acepta que lo apoye.

Ciudadanos sabe que el 10-N se juega mucho: en la cúpula saben que pueden mantener su resultado o irse a la mitad de escaños (tienen 57). Rivera buscará “sellar el centro”, es decir, evitar que ese votante volátil, el que puede votar a cualquier partido y les ha votado en abril, les abandone para optar por los dos grandes partidos o a la abstención. La abstención es su principal riesgo, porque el electorado centrista es uno de los que más se piensa si ir a votar. Cs cree, por otra parte, que ya no se disputa electorado con Vox. Su objetivo son los descontentos de PP y PSOE, así que también insistirá en la crítica al bipartidismo. Rivera aspira a seguir arañando a Casado una buena porción de electorado conservador, con el argumento de que es una opción “limpia” frente a la corrupción del PP. Por eso no quiere oír hablar de España Suma, la coalición que desea el PP. Ayer la volvió a descartar.

Todavía no hay decisiones, pero en las listas se abren algunas incógnitas de cara al 10-N. La principal es si Inés Arrimadas, portavoz parlamentaria, volverá a encabezar la candidatura por Barcelona, después de haberse mudado a vivir a Madrid. También hay hueco en el número dos por la capital catalana, porque ese puesto lo ocupaba Toni Roldán, el exsecretario de Programas que dimitió por la negativa al pacto con el PSOE. Otro de los dimisionarios, Francisco de la Torre, ha dejado vacante el número siete por Madrid. La dirección tiene que decidir si vuelve a arriesgar con algunos puestos en los que situó en la pasada campaña a dirigentes de peso. Según fuentes de la dirección, el secretario general, José Manuel Villegas, repetirá por Almería, igual que Juan Carlos Girauta por Toledo.

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