Informe PISA: Un escolar gallego va tres cursos por delante de un ceutí | Sociedad



La brecha de resultados en la evaluación de calidad educativa PISA es abismal entre las comunidades autónomas españolas. A un escolar de Ceuta (415 puntos) le separan 95 puntos en ciencias de un gallego (510). O al mismo alumno en matemáticas (411) le distancian 92 puntos con un navarro (503). Eso, en términos de PISA, supone que el estudiante de Ceuta va un curso académico y medio por detrás del de Galicia o Navarra.

España no había visto nunca en cifras una disparidad tan enorme y eso obedece a que en la última edición de PISA, cuyos exámenes se contestaron en abril y mayo de 2018, el Gobierno —entonces en manos del Partido Popular— decidió por primera vez ampliar la muestra con las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla, que no tienen las competencias educativas transferidas. Ambas urbes tienen una renta media y un entorno sociocultural bajo y altas tasas de paro (29% de desempleo frente al 13,9% nacional). El ejemplo histórico de dispersión siempre ha sido Italia con 100 puntos de distancia entre el norte y el sur, pero España se le asemeja.

Ningún país va tan al detalle como España para hacer una radiografía de su sistema educativo. Pasan la prueba 36.000 alumnos de 1.102 centros de titularidad pública, concertada y privada de todo el Estado. Y ello supone que cada comunidad pague un extra a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) por examinar a más escolares. Madrid, por ejemplo, ha abonado 200.000 euros.

Sin llegar a la desigualdad de Ceuta con Galicia, el intervalo entre regiones del norte y del sur y el arco mediterráneo siempre ha existido. Hay muchos factores que influyen. El informe PISA afirma que el 10% de una puntuación está condicionada por el estatus sociocultural y en ese contexto el sur sale perdiendo. Canarias y Andalucía ocupan las peores posiciones de PISA dentro de España (exceptuando Ceuta y Melilla) y sus rentas son la cuarta y segunda por la cola, respectivamente. Extremadura, que es la más pobre (18.174 euros), está apenas un escalón por encima de ellas. Las tres rondan el 20% de desempleo, casi el doble nacional.

“El sistema educativo se mueve por inercias y en el sur y el arco mediterráneo tienen que redistribuir los recursos para hacer más atractiva la escuela a los alumnos y profesores”, razona María Castro, profesora del departamento de Investigación y Psicología en Educación de la Universidad Complutense. “Tienen que ver el poder de la escuela como motor social. Porque las expectativas laborales son importantes para medir el esfuerzo. Si no, es difícil que se enganchen”.

Castro no entiende que el Gobierno de España se “desentienda” de la brecha interregional. “Tiene que ser una acción prioritaria de país investigar qué pasa y no se hace”, lamenta la experta en medida y evaluación de los sistemas educativos. Cuanto más abajo está una región en el ranking el margen de mejora es mayor y Canarias, Extremadura y Andalucía han ascendido ligeramente.

En la edición de 2015 de PISA el 26% de la variación en la puntuación en ciencias estuvo relacionada con el PIB per cápita “un porcentaje menor que el observado por países pero también estadísticamente significativo”, se explica en el libro Diferencias educativas regionales: 2000-2006, del Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (IVIE) y el BBVA. La brecha no es mayor porque “el gasto público en educación de las comunidades autónomas no depende solo de su capacidad fiscal (asociada al PIB) sino también de los mecanismos de nivelación del sistema de financiación autonómico”.

Llama especialmente la atención la evidente caída de la Comunidad de Madrid, la región que menos invierte en cada escolar (3.945) de España y quien más segrega a los más desfavorecidos. Hasta ahora alardeaba de buenos resultados pese a su poco gasto, pero ha dejado de posicionarse segunda en la tabla. Ha perdido 29 puntos —equivalente a medio curso— en ciencias y 17 puntos en matemáticas. Su Gobierno, del PP y Ciudadanos, pone en duda los resultados de matemáticas y ciencias porque cree que están contaminados por los de lectura, que no han sido publicados porque la OCDE ha detectado “anomalías” en una prueba de fluidez lectora. Al menos un 5% de los alumnos contestaron sin sentido 20 preguntas en 20 segundos cuando se tarda dos minutos. “Es muy triste que la OCDE, que es un órgano muy prestigioso, presente unos datos que saben que están mal y que se publiquen”, se quejó en rueda de prensa su consejero Enrique Ossorio el pasado viernes. Para este organismo internacional, sin embargo, la posible contaminación es inapreciable.

Isabel Galvín, de la Federación de Enseñanza de Comisiones Obreras en Madrid, hace una lectura muy distinta: “Madrid ha sido el buque insignia de los recortes en educación en España. ¿Qué sería de Madrid, que tiene la renta per cápita más alta de España, si la Comunidad gastase como el País Vasco [un 63% más por alumno]? Estaríamos a la altura de Hamburgo y los niños de los barrios deprimidos podrían aspirar a ser lo que quisiesen”. Los hogares madrileños son también los que más se hacen cargo de gastos educativos (libros, materiales, transporte o extraescolares): 1.624 euros por alumno, un 57% más que la media nacional. Por debajo de la media en inversión pública en educación están también Cataluña —pese a su riqueza—, Castilla-La Mancha, la Comunidad Valenciana y Murcia, estas dos últimas con una puntuación por debajo de la media.

Los datos de PISA demuestran que desde el momento en que un país destina más de 50.000 dólares (45.365 euros) a la educación de un niño entre sus 6 y 15 años ya no se puede establecer una relación automática entre gastar y mejorar en los resultados. No es tanto cuánto sino cómo se invierte. Y eso lo saben bien en el País Vasco que son quienes destinan más recursos a sus alumnos (6.502 euros), tienen una alta renta per cápita (34.079 euros) y un bajo abandono escolar y, sin embargo, sus resultados están en la mitad de la tabla española. En esta edición ha quedado algo por encima; el resto ha empeorado más.

Todas las comunidades autónomas gestionan la educación, al menos desde 2001, pero el tamaño de sus sistemas educativos es muy diverso: Andalucía, penúltima en PISA, supera los 1,8 millones de alumnos y La Rioja, en la cabeza, apenas alcanza los 59.000 y eso facilita la gobernanza. También otras comunidades uniprovinciales, y situadas en el norte de España, quedan por encima del promedio: Asturias, Navarra (la mejor en matemáticas y segunda que más invierte en sus alumnos) y Cantabria. También se sitúan bien Castilla-León y Aragón, de población homogénea y que se caracterizan por hacer un gran esfuerzo por mantener abiertas las escuelas rurales en pleno proceso de despoblamiento de sus provincias.

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