Las tecnologías que quieren convertirte en una persona más bella | Tendencias



Espejito mágico, dime una cosa, ¿quién es en este reino la más hermosa?”, decía la madrastra de Blancanieves mirando al vidrio parlante que tenía enfrente. El símbolo de una fantasía que las empresas de belleza quieren convertir en real. Van camino de ello gracias a diferentes tecnologías, desde sensores a inteligencia artificial, pasando por sistemas de control por voz, realidad aumentada, reconocimiento facial o escaneo 3D.

Todo para crear espejos inteligentes, cosmética, perfumería a la carta y todo tipo de aparatos para convertir el baño de casa en un salón de belleza. Nuevas marcas y nuevos productos dirigidos al consumidor final que, según un informe de CB Insights sobre tendencias en la industria de la belleza, están reduciendo la cuota de mercado entre empresas de nueva creación y los grandes del sector. Estos responden con fusiones y adquisiciones, programas de incubación y aceleración, nuevas tecnologías en tiendas y un largo etcétera.

Virtual Hair Advisor, un espejo inteligente que muestra cambios de cabello. Lino Escurís

L’Oréal es el vivo ejemplo de esta transformación. El grupo ya había revelado hace un año su cambio de perspectiva: ya no quiere ser la firma de belleza número uno en el mundo, sino la compañía de tecnología de belleza número uno. “La digitalización está reformulando toda la cadena de valor del grupo. Es lo que transmiten nuestras innovaciones”, asegura Lubomira Rochet, directora global del área digital de L’Oréal.

Rochet habla de las principales líneas que han dirigido los cambios en el grupo los últimos cinco años. La primera: acelerar el comercio electrónico, que supone un 23% de sus ingresos y casi el 15% del crecimiento de la compañía. La segunda es el análisis de datos para la creación de nuevos productos, colores y texturas. Por ejemplo, su sistema DeepVision permite visualizar miles de imágenes compartidas en Instagram. Estas se pueden filtrar por interacciones, me gusta, comentarios, fechas o tendencias y observar la evolución de qué busca la gente para desarrollar productos acordes. “Podemos inspirarnos en lo que comparten y buscan los consumidores en esta red social”, comenta.

Detalle del taller de impresión 3D y personalización de las fragancias de Lancôme y Viktor&Rolf. Lino Escurís

Conexión real con el cliente

DeepVision también contribuye al tercer frente: conectar con los consumidores. Nuevos modelos de marketing más allá de la publicidad, generación de contenido y acercamiento a los influencers y a la economía P2P. “El 43% de nuestros medios son digitales y el 80% de todo el contenido que producimos está dirigido a estos canales”, afirma. Si bien antes el contacto con los usuarios se realizaba siempre a partir de intermediarios, ahora la tecnología les proporciona un canal directo y múltiples puntos de encuentro. Por ejemplo, un asistente virtual de belleza creado mediante realidad aumentada y al que se accede mediante una app, que la compañía usa como nuevo canal para vender sus productos.

Lo que da de sí un selfie

Otro ejemplo en esta línea es Shade Finder de Lancôme, un sistema basado en inteligencia artificial que recomienda un fondo de maquillaje totalmente adaptado a la necesidad del cliente. Este servicio personalizado se coloca directamente en el punto de venta. Está implantándose en países de todo el mundo, incluido España.

Aspecto del espejo de realidad virtual que muestra en tiempo real variaciones en el cabello. Lino Escurís

Shade Finder es uno de los ejemplos de productos desarrollados a partir de la tecnología de ModiFace, la primera adquisición de una marca no cosmética por parte de L’Oréal. Se trata de una empresa fundada hace 12 años por el profesor de la Universidad de Toronto Parham Aarabi. El científico trabajaba en tecnologías de inteligencia artificial y realidad aumentada aplicadas al seguimiento facial y se dio cuenta de que podría ser útil para empresas de belleza.

De ModiFace han salido, entre otras, el sistema SkinConsult para diagnóstico de la piel a través de un selfie, o Style My Hair, una especie de espejo inteligente que permite visualizar cómo quedarían diferentes colores en el pelo de cada persona. “Es como un Alexa o un Siri que es capaz de verte y de reproducir cada brizna de tu pelo en el color que desees explorar”, explica Aarabi.

Otro ejemplo es el sistema de prueba virtual de pintalabios que usan varias páginas web del grupo y también una máquina expendedora de barras de labios de Giorgio Armani presentada en VivaTech. Su función es clara: ayudar a la persona a saber qué color le sienta mejor antes de comprar el producto.

My Skin Track UV de La Roche-Posay, un sensor para medir la exposición a de la piel a los rayos UVA, polución, polen y humedad que se controla desde el móvil. Lino Escurís

El futuro del grupo, asegura Rochet, pasa por aplicar inteligencia artificial a todas las marcas. En ello trabajan en la Factoría de Servicios Digitales de L’Oréal, una red dedicada a diseñar y desarrollar nuevos servicios para sus 36 marcas. También hacen I+D en colaboración con otras empresas como Alibaba, con quien han desarrollado Effaclar Spotscan. Es una app que usa 6.000 imágenes de piel con acné recogidas por L’Oréal y un sistema de aprendizaje profundo creado por Alibaba para analizar el tipo de acné de un usuario a partir de su selfie. Luego ofrece también consejos personalizados y recomendaciones para mejorar el estado y aspecto de la piel.

El grupo también innova en el ámbito de la manufactura para alcanzar la máxima personalización. My little factory, una de las grandes novedades presentadas por L’Oréal en el evento VivaTech, es una pequeña fábrica con la que esperan poder crear productos individualizados para sus 1.400 millones de consumidores.

Más de 20.000 tonos de piel

Al cargo de My Little Factory está Stephane Lannuzel, que dirige la transformación digital en el área de Operaciones. Su trabajo consiste en entender cómo aplicar todo tipo de tecnologías emergentes al diseño, manufactura y distribución de los productos de L’Oréal. Por ejemplo, mediante el uso de sistemas inteligentes de visión artificial en las fábricas para ayudar a los sistemas a moverse más rápido de un producto a otro. Así agilizan la producción para dar respuesta a una demanda de productos cada vez más variada.

Lino Escurís

Con este mismo objetivo han desarrollado un sistema de robots colaborativos (cobots) capaces de interactuar de forma más natural con los humanos. “Personas y máquinas trabajan mano a mano. Incluso es posible programarlas mediante gestos para indicar dónde deben moverse o colocar un producto”, señala. Todo para acelerar la producción de una media de 7.000 millones de productos, tantos como habitantes hay en la Tierra.

Sensores inteligentes, transportadores magnéticos conectados y líneas de producción ágiles completan la imagen de la reconversión industrial 4.0 de L’Oréal, cuyo exponente es la planta ultraconectada y automatizada de Lassigny, en Francia. Como primer ejemplo de lo que ya es posible hacer está Le Teint Particulier de Lancôme, que utiliza un algoritmo de coincidencia de color patentado para detectar más de 20.000 tonos de piel individuales y crear una base perfecta y personalizada al instante, gracias a dos cobots que se mueven de un lado a otro.

“Vamos a pasar de usar una línea de producción para un solo producto a crear 20 diferentes en un solo día, pasando de uno a otro en solo dos minutos”, asegura Lannuzel. El aumento de la demanda vía comercio electrónico está guiando la transformación y reorganización de la cadena de suministro. “Para atraer a la gente a comprar en tu web tienes que proporcionar algo diferente, empezando por el empaquetado, que importa mucho más de lo que se cree”, afirma.

Todas estas transformaciones no serían posibles, dice Rochet, sin una adecuada cultura de innovación. La visión de su CEO, Jean-Paul Agon, ha ayudado en este sentido. “Desde su entrada en el grupo en 2011, de forma muy prematura en el sector, incorporó la visión de que lo digital lo cambiaría todo. Supo ver las ventajas que la transformación traería a nuestro negocio”, afirma Rochet. Nunca lo vieron, dice, como amenaza, sino como oportunidad. Su visión de la transformación no pasa por la tecnología per se, sino por cómo usarla para escalar “lo que importa”: relaciones, comunidades, herramientas para expresarse, acceso a consejos personalizados… “Belleza para todos. Esa es nuestra misión”, concluye.

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