Telepizza en plena Cumbre | Sociedad



Decía Joaquina Cortés, la madre de Camilo Sesto, que la patria no es la infancia, sino la comida. Y la comida, además de la patria, es un debate ético y un asunto que ocupa la agenda del cambio climático.

La Zona Azul de la cumbre funciona en este sentido como una especie de cadena trófica. A los alimentos sanos de economía sostenible, manzanas de Aragón y mandarinas de Valencia ofrecidas gratis por voluntarios, le sigue —por orden de paseo— el chocolate con churros del comercio justo, y luego están a la izquierda en el pabellón las franquicias que operan todo el año en Ifema, Burger King y Telepizza. Alimentos conservados en plástico y envases que contradicen el discurso de la cumbre, de ahí que al principio corriese una información que aseguraba que la organización pidió la disminución de procesados y de materiales de envasados, algo desmentido por fuentes del Ifema.

Precisamente hace unos meses, en un pabellón de la feria de Madrid, se celebró una mesa de expertos en envases que anticipó la contradicción que soportaría la Cumbre del Clima. Allí, los ponentes explicaron, según contaron desde el evento, que los envases no pueden desaparecer del mercado puesto que tienen una misión fundamental: mejorar el transporte del producto y alargar su vida. Por eso hubo coincidencia en afirmar que es en el ecodiseño donde deben llegar las mejoras: “Creamos envases compostables que ahora están de moda, utilizamos el papel y el cartón y son una buena solución para no descuidar la sostenibilidad”, dijo Josu García, responsable de sostenibilidad de Packaging, una empresa que trabaja para conseguir materiales que sean más reciclables.

Mientras, la subdirectora de ITEME (Instituto Instituto Tecnológico del Embalaje, Transporte y Logístico), Carmen Sánchez, dijo que el campo de trabajo es I+D. “Para cumplir la normativa que nos está cayendo encima, estamos desarrollando nuevos materiales que cumplan los criterios de sostenibilidad”. Las empresas demandan ayuda por una razón: “desconocen los envases que pueden cumplir las normativas: hay empresas que solo deben hacer algunos pequeños cambios pero otras están a años luz de lo que se les exige”.

El de la comida es una de las discusiones más interesantes que hay estos días en las dos zonas de la cumbre, la verde y la azul, porque afecta a algo difícilmente regulable. Que el primer día se solventó con un menú espectacular (“el más importante de nuestra vida”) del Can Celler de los hermanos Roca que obviamente no pudo clonarse desde los líderes a todos los participantes, que encuentran en muchos estands de los países participantes algo que picar aparte de cafeterías oficiales (de precios elevados) y franquicias. Pero es inevitable echar la mirada a sándwiches y ensaladas conservadas en plástico con el jaleo alrededor denunciando su uso. Chirría.

La sensación de cosmopolitismo, entendido también como la uniformidad de franquicias, remite a partir de las doce del mediodía cuando en el pabellón se empieza a colar un olor reconocible, el de algo que devuelve al visitante al suelo en el que está: bocadillo de calamares. Un puesto de bocata de calamares situado frente a las puertas de Ifema se ha convertido en cita ineludible especialmente para ponentes extranjeros, seducidos por un bocadillo.

Afuera, una mujer iraní disfrazada de conejo baila con un cartel que dice “por favor, no me comas” y otra a su lado baila con un rótulo diciendo “veganos por el planeta”. Pese a todo, de los cambios que se estudian y proponen en la cumbre, el de la comida es el más difícil de que cale, como si la idea pretendiese ir más rápido que lo que la sociedad demanda. De ahí que suponga una de las contradicciones más visibles y menos censurables, salvo en lo que atañe a los envases de la comida precocinada.

Por eso de cara al futuro, según lo dicho por Sánchez en el foro dedicado exclusivamente a los envases, las empresas empiezan a optar por sustituir las bandejas plásticas por papel o cartón aunque sean materiales “que tienen sus limitaciones y no todo producto se puede conservar bien en ellos”, como aclaró Carmen Sánchez en el mismo escenario donde hoy se libra una batalla cuyo objetivo es, más que ganar, reducir el tiempo de la derrota hasta llevarla al empate.

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