Juicio a un cura pederasta en Francia: “Es el proceso a una época y al silencio” | Sociedad



Para algunos, la justicia llega demasiado tarde. Hay sin embargo varios casos que no han prescrito y por los que el cura Bernard Preynat responde desde este martes ante un tribunal por los abusos contra decenas de menores que cometió al menos durante los años setenta y ochenta, cuando dirigía un grupo scout católico de Lyon. Más allá de las acusaciones de pederastia, que el acusado ya ha reconocido, el caso es emblemático en tanto que ha demostrado todas las falencias de la Iglesia católica francesa en torno a esta lacra: el consentimiento implícito al saber del caso y no actuar —aunque asegura que dejó de abusar de niños en los noventa, Preynat siguió ejerciendo durante décadas en contacto con menores— y el silencio que impuso al asunto. Una cuestión que, a la postre, le ha costado a la Iglesia francesa la mayor condena hasta la fecha a un alto cargo de la jerarquía gala, el otrora todopoderoso arzobispo de Lyon, Philippe Barbarin, que acabó renunciando también a su cargo.

Aunque “no es un proceso contra la Iglesia es, quizás, el proceso a una época y al silencio”, dijo el abogado de Preynat, Frédéric Doyez, en vísperas del juicio, que debía haber comenzado el lunes pero que fue aplazado por la huelga de abogados que se han unido a las protestas contra la reforma del sistema de pensiones del Gobierno de Emmanuel Macron.

“Fue una época en la que, mediante el silencio, se creía que se arreglaban ciertas cosas. Si hace 30 años los padres hubieran llamado a las puertas del tribunal en vez de a las del arzobispado, se habría celebrado un proceso y Bernard Preynat habría sido juzgado sobre sus testimonios y su reconocimiento de los hechos”, sostuvo en entrevista con la emisora France Info.

Esa es una de las claves de este caso: Preynat, que ahora tiene 74 años, nunca ocultó sus abusos, que confesó a comienzos de los años noventa ante sus jefes eclesiásticos. Pero estos, en vez de denunciarlo ante la justicia —en Francia es delito no avisar a las autoridades de la comisión de un abuso contra un menor de 15 años de la que se tenga conocimiento— decidieron silenciar el caso, limitándose a enviar al sacerdote a otra parroquia, en vez de apartarlo totalmente de su trabajo, que le hacía estar en contacto permanente con menores.

No fue hasta que en 2015 una de sus víctimas, Alexandre Hezez, se enteró por casualidad de que el cura que había abusado de él en los años ochenta y que creía apartado de sus labores seguía, dos décadas después, dando misa y en contacto con menores. Su denuncia, desatendida por el entonces arzobispo de Lyon, Philippe Barbarin, y a la que se acabaron uniendo numerosas víctimas más, desató el caso que acabaría siendo uno de los juicios más duros contra toda la jerarquía de la Iglesia francesa y que redundó en la condena, en marzo del año pasado, contra el cardenal Barbarin a seis meses de prisión con exención de pena. Aunque el alto religioso, cuyo nombre se barajó en su momento como papabile, ha recurrido la sentencia, sobre la que el tribunal de Apelación de Lyon debe pronunciarse el 30 de enero, esta ya ha provocado su dimisión como arzobispo de la diócesis más importante del país. Preynat por su parte fue reducido al estado laical el verano pasado, al término de un juicio canónico que decretó su expulsión del estado clerical, la pena máxima prevista en el derecho canónico.

El caso Preynat provocó además la creación de la asociación Parole Liberée (Palabra Liberada), formada por antiguas víctimas del sacerdote cuando era capellán del grupo scout católico Lyon Saint-Luc. Esta asociación, retratada en la película Gracias a Dios de François Ozon es responsable, en gran parte, de que el tema de la pederastia de religiosos se haya convertido en un tema de debate nacional en Francia y en el seno de la Iglesia francesa, que ha encargado a una comisión independiente un informe sobre la magnitud del problema desde 1950. Miles de personas se han puesto ya en contacto con la comisión, que deberá presentar su informe en 2021.

En el juicio que comienza ahora, el antiguo sacerdote afronta una pena de hasta diez años de cárcel por las demandas no prescritas de diez de los menores de los que abusó y que se han constituido en acusación civil. Los demandantes, que tenían entre siete y 15 años en la época en que sufrieron los abusos, acusan a Preynat de tocamientos, besos en la boca y caricias forzadas, especialmente en sus genitales. Antes de que fuera suspendida la vista por la huelga, Preynat aseguró el lunes que desea un juicio “lo más rápido posible” por unos hechos que, recordó, ya ha reconocido. “He escuchado los sufrimientos de los que soy culpable”, dijo ante el tribunal que deberá juzgarlo en los próximos días.

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